El 31 de enero de 1906, un terrible terremoto provocó una inmensa ola que amenazaba con destruir Tumaco.
El padre Gerardo Larrondo, llevando la Sagrada Hostia, salió al encuentro del mar. Al levantarla y hacer la señal de la Cruz, la enorme ola se detuvo y retrocedió. El pueblo, conmovido, exclamó: «¡Milagro! ¡Milagro!»
Imágenes del milagro
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Ante la inmensidad del mar, una pequeña Hostia. El relato de Tumaco nos recuerda que la esperanza cristiana nace de la confianza en la presencia y el poder de Dios.


