Durante la Pascua de 1290, en París, una Hostia consagrada fue profanada y apuñalada. Inmediatamente brotó sangre de ella.
Al ser arrojada al fuego y, después, al agua hirviendo, la Hostia permaneció intacta y empezó a flotar sobre el agua en forma de Cristo crucificado.
Imágenes del milagro
CONTEMPLAR
El relato de París nos recuerda que Cristo permanece fiel incluso ante el rechazo y la profanación, y nos llama nuevamente a la adoración y al amor.


