En 1657, una niña pidió al abad de Montserrat que celebrara tres Misas por su padre fallecido. Durante la primera, afirmó verlo entre las llamas del Purgatorio. Al acercar un pañuelo al fuego que solo ella veía, este comenzó a arder ante los monjes.
Después de la tercera Misa, la niña exclamó: «¡Ahora mi papá está subiendo al cielo!»
Imágenes del milagro
CONTEMPLAR
Este relato nos recuerda la fuerza de la oración y el valor de la Santa Misa, celebrada por quienes han partido de esta vida.


